miércoles, 29 de septiembre de 2010

CARPE DIEM 5

Capítulo 24

Fernandina, a pesar del otoño, se ponía a tomar el sol en el balcón, en pelota picada, con lo que los vecinos,(los que estaban a su altura), podían contemplarla.
La abuela se desesperaba…¡¿cómo podía parar a esa niña impúdica, hija del pecado?
¡se condenaría en el infierno¡ No lo podía consentir¡
Por más que rezara por ella, no conseguía el milagro.
La sacaba de sus casillas, era imposible enderezarla. El camino recto, no existía para ella. Prefería mil veces las curvas, los desfiladeros, precipicios,; eran el territorio sobre el que mejor se movía. Así era, temeraria, indómita.

Capítulo 25

La muy condenada, asumía desde los doce años, cualquier responsabilidad.
Cuidar de los hermanos pequeños, cuando la madre iba a parir de nuevo. Besar a uno que nació muerto. Despedirse del abuelo, que para su desgracia, falleció justo al jubilarse.
Todos estos acontecimientos, forjaron un carácter fuerte, pero dolido. Le sirvió para resolver situaciones difíciles, que la vida le pondría por delante.
Sus pasos, la llevaron a vivir unos años en el colegio de las monjas.
El primer año, estuvo interna. El padre, que, por cierto se llama José, no podía con ella, y aconsejado por la abuela, la encerró. Ese año lo pasó ,como si de una cárcel se tratase, o un castigo. Se debía levantar a las siete de la mañana, vestir un horrible uniforme marrón, ir a misa, estudiar…¡¡¡
Esa educación represiva, lejos de reformarla, alimentó hasta límites insospechados, su rebeldía. Le dijo a su padre, que si no la sacaba, se escaparía. José, impotente , al fin cedió.
El segundo año, la pusieron a media pensión. Y el ultimo , comía en casa de la abuela. No estudiaba, armaba broncas y novillos en la escuela. Una tarde, llegaron a irse media clase al cine. Las monjas le dijeron al padre, que, o se iba o la expulsaban, con lo que acabó sacándola, y la apuntó en el Instituo.


Capítulo 26

A menudo soñaba con hombres imposibles, bellos, románticos, que la quisieran como lo hacía el abuelo…
Fue uno de sus errores.
Escribía poemas, que luego rompía y arrugaba, para tirarlos a la papelera.
Un buen día, el profe de Mates, la pilló , después de leerlos, le comentó que eran muy bellos, y que los guardara. Así lo hizo.
Escribió y escribió, hasta que le dolía la mano y el alma, de tanto usarlas…¡¡
Un camino para huir del pozo de tristeza en que estaba.
Las palabras fluían de su mente, resbalaban por sus dedos, hasta posarse en el papel.
Allí , reposaban al fin.

Capítulo 27

Las navidades, solían ser tristes y frías. Campo abonado para las peleas.
Con motivo del siempre forzado y obligado encuentro, la familia, lejos de gozar de ello, daba rienda suelta a la mala leche, las envidias, reproches.
El padre, más falso que Judas, hablando de dios, del amor que nos tenía…¡¡¡????
¿Cuándo, cómo, dónde? Cómo se puede llegar a ser tan hipócrita, tan embustero, y pretender vendernos la “moto” de esa manera ?
Fernandina, llegó a la conclusión de que su padre estaba loco. Un loco peligroso, que hacía daño a sus semejantes. Eso era lo más terrible.
La impotencia y la rabia hicieron mella en su corazón y en el de sus hermanos.
Estaba harta, hartísima de tener que soportar, junto a su madre, las insolencias e insultos.
Tendrían que esperar unos cuantos años, para liberarse del funesto personaje.

domingo, 26 de septiembre de 2010

CARPE DIEM 4

Capítulo 21

Todas, todas las guerras, son inútiles, una puta mierda. Olían a muerto y carne quemada.
El padre de Fernandina , fue a Rusia a perseguir a los rojos. Le hirieron en un brazo; perdió la novia y la vergüenza.
Así las cosas, torcidas, no hubo forma de enderezar los caminos de la ignominia.
Todo eran equívocos; una espiral de errores, le llevó a embarazar a la que sería su esposa, Goyeta. Se casaron a la fuerza , porque así lo mandaba la puta madre iglesia, y la abuela de marras.
A los nueve meses, nació Fernandina .En casa de la abuela Eloisa; eran las siete de la tarde, y se apagó la luz.
Lo que vino después, lo estoy contando.




Capítulo 22

De cualquier forma, el hecho de arrastrar los pies cuando anda, es una expresión inequívoca de la indolencia y abandono en el que la nieta se había sumido.
Acompañado de suspiros profundos y matinales, la convertían en un personaje extraño, e irremediablemente lejano.
La realidad la dejaba cada vez más insensible, no le emocionaban los contenidos y sucesos informativos, fueran o no impactantes. Se la traía floja la humanidad.
Debido a los palos recibidos y a la infamia, en sus escasos dieciséis años, había construido un duro caparazón de supervivencia tortuguíl , que impedía entrar o salir nada.
De esa guisa, resultaban comprensibles, sus movimientos y pensamientos, maquinados a conciencia, premeditados, alevosos…
Nada quedaba al azar.
Solo las tormentas y el amanecer.

Capítulo 23

Las sonrisas eran cada vez más escasas; a pesar de que a sus amistades les encantaba. Era, dicen lo mejor que tenía.
Ella, por venganza, las guardaba, solo las mostraba en contadas ocasiones. Cuando era del todo inevitable prodigarlas, ante la visión de la belleza, muchas veces cargada de ironía.
O cuando el amor que sentía, era superior a la rabia y el instinto asesino que tan libremente corría por sus venas.
Todo hay que decirlo, las amistades disfrutaban de lo lindo, viéndola reír a carcajada limpia.
Era uno de sus mejores momentos.
Fernandina, a ratos, solo a ratos, era feliz, seriamente feliz…¡
Vio una mariposa y escribió: ¡Que valor tienes cabrona, subir hasta el quinto piso, y colarte en mi ventana¡¡

viernes, 24 de septiembre de 2010

CARPE DIEM 3

Capítulo 15

Las vacaciones, lejos de ser días alegres y esperados, resultaban un castigo. Había que ir al pueblo, y en la masía familiar, debíamos soportar, no solo a la abuela, cada día, sino al resto de familiares, que se presentaban sin avisar, y dispuestos a amargar la existencia de sus habitantes.
La madre de Fernandina, soportaba con estoicidad admirable, los vendavales y disputas de los que tan a menudo hacían gala los tíos, tías y demás familia, llenando de malestar y dolor, los días, mal llamados ,de estío y fiesta.
Fernandina, huía con sus hermanos más pequeños, a coger uvas y avellanas a los campos vecinos, o iban al río a bañarse. Cualquier cosa , antes que soportar un minuto más en el interior de la casa.
A veces, resultaba un infierno.


Capítulo 16

Un frío día de febrero, Fernandina, decidió fugarse, harta como estaba de la familia.
Recogió cuatro cosas que necesitaba; muda de bragas, camisetas, jerséis, calcetines ,un par de pantalones, y se fue.
Pasó un mes fuera de casa, compartiendo una masía destartalada y abandonada, en un pueblo del pirineo leridano. Sus colegas, eran fugitivos adolescentes, desamparados como ella y amantes de la aventura.
Sobrevivió gracias a la caridad y favores que se hacían mutuamente. Dicen que la miseria une.
Buscaban en los contenedores más cercanos a las tiendas de comestibles y restaurantes. Comían las sobras.
Vivió una nueva experiencia, compartiendo pensamientos, sinceridad, cuerpos ,colchones, sueños…
Febrero en el monte, era gélido de cojones; menos mal que los troncos recogidos en el bosque, les daba algo de calidez, luz y humo…

Capítulo 17

El viento del Norte, disipaba cualquier duda que pudiera embargar el corazón de Fernandina.
Estaba decidida a dar rienda suelta a sus fantasías y deseos.
Tanto si eran o no, moralmente censurables.
Nunca se había planteado la posibilidad de la culpa.
Su necesidad de justicia, su asco y rechazo hacia la sociedad, en la que le había tocado vivir, era más, mucho más grande que su conciencia del delito.
Con los años, había perdido todo vestigio de humanidad. Se apoderó de ella un vacío insondable, que la hizo inmune, la convirtió en pusilánime, asesina, salvaje e impía.
Como los personajes preferidos de sus novelas…

Capítulo 18

El desamparo, era una de los atributos ,de los que gozaban muchas niñas de su generación. Víctimas de un machismo galopante, solo se les permitía aprender a ser buenas madres y amas de casa, monjas o solteronas.
Hubiera sido una buena mezcla, si además de asesina , fuera monja…¡¡¡.
Pero eso será otra história.

Capítulo 19
Todos los días paseaba por la playa al amanecer, llenaba sus bolsillos de caracolas marinas y piedras redondas. Eso la relajaba. El sonido de las olas, llenaba su espíritu y su mirada, de una fuerza desconocida, que la ayudaba y animaba a seguir viviendo.





Capítulo 20

Estaba dispuesta a dar rienda suelta a los demonios de la infancia, esos que la perseguían siempre.
Era la única forma de liberarse, a poder ser creativamente, dañando lo menos posible, su ya de por sí, castigada existencia.
El porqué de sus actos, no le importaba en absoluto.¡ Los llevaba a cabo, y basta¡
Así fue a lo largo de su vida. Sabía que por ello tendría que pagar un alto precio, pero no le importaba. Valía la pena.
Estaba acostumbrada, a las más furiosas tempestades, todo su recorrido, fue una carrera de obstáculos, tenía el cuerpo y el alma curtidos, como la piel de un marino, que vuelve a su casa después de treinta años navegando.

CARPE DIEM 2

Capitulo 6

Sonreía constantemente, una manera de no malgastar palabras.
Siempre caían en saco vacio.
Toda su vida fue un compendio de fracasos y equívocos.
Desde que mató a la abuela, ha estado pringando. Quizás una forma de pagar la culpa.
Fue un asesinato no resuelto. De tan evidente, era increíble.
La policía de la época estaba más por labores de orden público, la ley de vagos y maleantes…etc.
¡ Pobre señora¡, ya tenía una edad, en la que cualquier forma de morir, es bienvenida, y responde a una lógica .
Las palomas del balcón, fueron las únicas, testigos del evento .
La nieta, tenía unas manos preciosas, hábiles para la música, la escritura y, la masturbación propia y ajena, y por supuesto, para la maldad , tan bien cultivada.
Sus labios, bien perfilados, servían para cualquier cosa; hasta para mentir.
Después de los años , recuerda los hechos, como si fuera un sueño.
Era el resultado de un hartazgo, como si en el fondo, el mundo le pidiera a gritos, que cometiera ese acto de lujuriosa justicia, tan necesario para las almas frágiles, víctimas de tanta hipocresía e impostura.
No era elegante prolongar su vida.









Capitulo 7


Para cometer actos deleznables, se ponía de punta en blanco…bueno, de negro riguroso…
Con el perfume preferido, que huele a canela y jazmín. La hacía más apetecible, de esa manera, engatusaba mejor al adversario.
Fernandina , que así se llama la niña, tenía una salud de hierro. La abuela la cebaba, para satisfacer su mala conciencia, o vete a saber qué lejanas u ocultas culpas.
La nieta, cuando se cansaba de oír improperios… subía al tejado de la casa, viejo, ruinoso, con la esperanza , que desde lo alto, nadie la viera escupir a los viandantes, que ignorantes, paseaban por la calle, mientras una lluvia rabiosa de mocos y saliva, les caía sobre la cabeza.
Así era nuestra heroína.
Infame y radiante, como una mañana de primavera.



Capítulo 8

Fernandina, solía tener sueños eróticos…nada tenían que ver con los demonios ,y fantasmas, de los que la abuela le hablaba. Se masturbaba y ,¡ ale¡ …pasaron los males.
A medida que transcurría el tiempo, los años la hicieron madurar, en todos los sentidos.
Se volvió esquiva, taciturna y silenciosa.
Siempre imaginaba maneras de suicidarse, o matar a la abuela atormentadora y come-cocos.
Tenía Eloísa, así se llamaba la abuelita, una tendencia obsesiva con los santos, las imágenes, velas y agua bendita. Cuando había broncas familiares, sacaba el frasco de la alacena y lo esparramaba sobre los contendientes, como si de un exorcismo , o extraño ritual se tratara; confiando que eso, calmara los ánimos.
¡Pero nada de nada¡, ellos seguían golpeándose, rompiendo vasos, platos y gritando como condenados. Con unos insultos, que no repetiré, para no dañar las cándidas miradas lectoras…

Capítulo 9

Tenía suerte Fernandina, que algunos domingos, el abuelo Alberto, se la llevaba de paseo a Blanes o a Sitges. Cogían el coche, y cual centellas, salían huyendo del temporal familiar.
En la playa, daban largos paseos, contemplando el vaivén de las olas, que amortiguaba los pesares, meciéndoles al alma dolida.
El abuelo y la abuela, eran la noche y el día, dos polos opuestos, que inexplicablemente, seguían viviendo bajo el mismo techo, sin apenas relacionarse entre ellos.
Una relación bien curiosa…
Alberto, tenía una amante alemana, Marta creo que se llamaba.
A ella dedicaría, seguro, sus mejores momentos amatorios, cómicos… y los conciertos de violín.
En casa, jamás lo escuchamos. Es lógico.
No había tiempo para la belleza.




Capítulo 10


El perro del abuelo Alberto, era un pastor alemán magnífico. Se llamaba Nebi , nombre de galleta…por cierto muy ricas y escasas en nuestra familia.
Era un hermoso animal, lo bañaba en la bañera de casa , dejaba tropecientos millones de pelos, que la criada Juanita , se encargaba de limpiar.
Un buen día, y de repente, el perro desapareció. Según cuentan las crónicas, mordió a una modista que venía por casa a tomar medidas a la abuela, para hacerle un hábito franciscano.
El pobre animal fue sacrificado en la perrera municipal, por dar rienda suelta a la rabia, a su bella animalidad. La pena es que no mordiera también a la abuelita…¡¡¡
¡Pobre bicho¡¡¡Fernandina, sentía por él, una mezcla de complicidad y cariño. Le hubiera gustado ser perro, para hacer lo propio, morder y morder con ahínco, todo lo que se le pusiera por delante.
Dicho vestuario, era la consecuencia de una promesa que hizo, con la intención de que si su hijo pequeño, se curaba la tuberculosis, llevaría ese dichoso y horrible vestido, de por vida.
Lo más increíble y extraño, es que el tío Enrique, murió a causa de esa enfermedad, y ella siguió con ese hábito , a pesar de todo, hasta su funesto final.
Algo le decía a Fernandina, que ese vestuario sería su mortaja, por tozuda y cerril.


Capítulo 11


Resulta curioso ver la lluvia desde la ventana, es tan suave y hermosa como una caricia.
Eso imaginaba Fernandina, las tardes de otoño, cuando, sin nada que hacer, se limitaba a contemplar la calle, a las mujeres ,que bajo paraguas de colores, paseaban, o en el peor de los casos, iban a comprar algo al mercado, o huían de su hogar, hartas de todo.
Sí, la vecina, Margarita, era una alcohólica conocida, y paseaba sin paraguas, chorreándole la media melena mal cuidada. El vino y los cubatas, le habían sorbido el poco sentido común que le quedaba, después de convivir treinta años con un machito ibérico, de los que zurran ,y criado a cinco hijos , que se le han ido de casa. Estaba sola.
Ese era el premio a sus cuidados y atenciones ,el trofeo , por ser mujer , madre e ignorante.
En el fondo del corazón de la ventana, se difumina la silueta blanca , con un paraguas negro. Es la última mujer esperando el tranvía, que la llevará a ninguna parte.




Capítulo 12


Menudos subidones la daban a la nieta, cuando oía roncar a la abuela…se relamía, imaginando , las mil y una formas de acabar con ella.
Con la almohada, ahogándola…nooo, demasiada fuerza,¿ y si se defendía y gritaba…?
Llenándole la copa de vino dulce, poniendo matarratas que guardaba en un cajoncito de la cocina.
A Eloísa, le encantaba mojar galletas en moscatel, y ponerse tibia; con lo que ceguera y diabetes, aumentaban las probabilidades.

¿Y si la madre naturaleza, con su infinita sabiduría, pusiera fin a sus días, por la magia de esas copas..?
Un desenlace tan deseado…¡debería cumplirse . Soñaba con ello día y noche.
Así lo creía Fernandina.


Capitulo 13


Bernardo, el vecino , le da clases de matemáticas ,y otras cosas a Fernandina, así descubrió su sexo y el ajeno, sin que nadie se enterase. A hurtadillas, con la puerta cerrada, mientras , los números y las raíces cuadradas dormían en el papel, ellos sumaban besos y mas besos, sacudiéndose y revolcándose sobre la cama, a una velocidad, que ríete tu de los peces de colores, por decir algo.
La abuela, o era tonta, o le daba igual…¡ lo que sí es cierto, es que estaba sorda de un oído y medio ciega, eso les permitía, desenfrenos y desmesura.
Suspendió en Mates, con lo que la abuela le despidió…
Fernandina siempre fue mala en materias científicas, le gustaban más las bellas y malas Artes, como la lengua, las bestialidades, y las banalidades de una vida dedicada al asedio y sedentarismo.
A pesar de todo, siempre guardó un buen recuerdo de Bernardo, que le introdujo en el sensual mundo de las mates entre sábanas, donde lo menos importante es la ecuación.


Capitulo 14


En la oscuridad, se piensa mejor, es más fácil decir las verdades y las crueldades. Eso pensaba la nieta. Es cuando puedes maquinar las más inteligentes ideas asesinas, como la araña va tejiendo sigilosa y cauta, la red con la que luego envolverá a sus victimas .
Cuando el silencio de las sábanas, te aprieta el alma ,y la rabia, poco a poco va subiendo hasta poseerte.
Tenía motivos más que suficientes; a sus quince años, había visto de todo: peleas, insultos, amenazas ,gritos, suspiros, lágrimas ,bofetones…¡
Todo regado con rezos, agua bendita, moscatel, y ,¡A joderse tocan¡.
¡Pues mira, no, no y no ¡¡ ,pensaba Fernandina.
A la mañana siguiente, se levantó temprano y fue al instituto, como cada día, pero las nubes amenazadoras ,cubrieron el cielo rápidamente. Descargó una tormenta del copón, se puso hecha unos zorros, y escupiendo sapos por la boca, entró en clase dispuesta a escuchar el rollo del profe de latín, un ex -cura pestoso y pederasta, por más señas.

CARPE DIEM

CARPE DIEM
Relato de Montse Huguet Valle
Otoño 2010











Capìtulo 1

Alguien me dijo : si, a partir de ahora ,¡a salto de mata…¡
Es el lenguaje del cazador…solo saltan las matas, las liebres, las gacelas, los caballos, perros, gatos…toda la especie depredadora…la humana, también.
La supervivencia, el instinto, son los que mandan, lo demás son escusas…es dorar la píldora, con halagos, disfraces, palabras, que esconden solo, el brutal deseo de follar y se acabó .La necesidad , llega a un punto que no solo aprieta, sino que ahoga.
Así las cosas, decido ponerlo en práctica. Aquí me teneis, la primera en la frente, digo, en el bar de la esquina, mirándole como solo una gata en celo sabe, un macho de unos cincuenta años, con una agradable media melena blanca, debe medir un metro 80, y no para de mirarme con sus preciosos ojos verdes…¡¡Seguro que algo me quiere, mirar, seguro, porque lo hace y de qué manera. Insistente…¡¡¡con una media sonrisa, entre curiosa y provocativa…
Y a mí, basta que me provoquen para que salte…¡¡¡
Lo que vino después, pertenece al ámbito privado.

















Capitulo 2




Dificultades , pero comprendo la urgencia de los retales, por salir del anonimato.
Mató a su abuelita porque estaba harta de hábitos franciscanos, y un fuerte olor a desinfectante...que sonaba como un rosario encendido a media noche, en medio de una plegaria inútil....
Se descomponían los recuerdos, frágiles como eran en su cerebro. Piezas de un puzle doloroso y a veces sonoro.
No tuvo tiempo ni ganas de retenerlos, simplemente afloraban como una lluvia suave y otoñal.
Cuando no tenía nada que hacer, sólo escucharse, mirarse al espejo roto del pretérito perfecto…
Entonces surgen como flechas envenenadas , todas las palabras desordenadas, que bullen en la cabeza.
Y los gatos de la noche, pierden los adjetivos, solo maúllan, saltan fornican, y persiguen hojas secas que el viento se lleva.
La paliza que me di subiendo la cuesta que me llevaba a la fuente, no estuvo mal, olía a mierda de perro, a laurel y tierra mojada.
Después de mucho tiempo, se decidió a responder, con silencios agudos, muy agudos…pero al fin,…
Algo es algo, aunque sea nada.








Capitulo 3
Se descomponía por momentos, todos los fragmentos de la ventana, quedaron esparcidos por el suelo. Minúsculos trocitos de cristal, desdibujando sus ojos, que ya no se reflejaban.
La tempestad hizo muchos estragos en el barrio.
Los gusanos que se alimentaban del tronco del árbol de la plaza, tuvieron una muerte lenta y húmeda; parecida a la muerte del corazón enamorado.
Por fortuna , no todos los gusanos son corazones, y menos en celo, por algo imposible, como la reproducción, después de una tormenta de verano.

Capitulo 4

Todas estas situaciones, responden al interior del alma, atormentada, como una bujía después de brillar en exceso…
La pobre , dolida por diversos acontecimientos adversos, que la herían oblicuamente.
A propósito de versos; el asesinato de la abuelita, fue un hecho puntual, muy comentado en el barrio.
Los últimos años, los vecinos, pudieron comprobar que los gritos de la fallecida, eran insoportables.
¡Qué alivio…¡
Sin embargo, los tranvías, seguían haciendo chirriar sus ruedas sobre la vía.
Se duermen las palomas, sobre la fuente de la plaza, afortunadamente ajenas a la tragedia, que la vida dejaba en el interior de las casas.
Por supuesto, las cerillas fueron un instrumento útil para el asesinato.
Quién lo iba a decir, tan buena la nieta, y lo silenciosa que iba siempre al Instituto…
Nadie lo hubiera dicho. Menuda mosquita muerta.
Las apariencias engañan, y las palomas, y las sonrisas, y las miradas…mucho, mucho más.¡¡¡¡
Ya me duele la mano y la memoria.
Así son los recuerdos, a veces…



Capítulo 5


Se dormía cada tarde. La comida era frugal, había perdido el apetito.
El sofá acogía su cuerpo frágil y bello.
Los nietos, es lo que tienen, son unos mimados.
Además, la infancia está para el engaño, la inocencia es campo abonado para la mentira; todos lo saben.
Quizás por eso, los perros quieren tanto a los niños, huelen su belleza , la bondad innata, que , con el paso de los años, se transforma en crueldad ,maligna y sádica.
Así suele ocurrir en muchos casos, sobre los que nunca nadie habla ni escribe.
Pero a veces, la felicidad consiste en vengarse, o como mínimo, se duerme mejor…
Así lo creía ella.