sábado, 16 de octubre de 2010

CARPE DIEM 10

Capitulo 42

Tenía el presentimiento , que esa noche iba a ser fuerte. Iría al bar donde Leónidas es asiduo y, con escusa o sin ella, lo vería.
Trabajaba en el negocio de las flores, siempre funciona.La gente muere, se casa, nace, celebra cumpleaños y, también ama.
Cuando llega el día de Sant Jordi, los enamorados, regalan flores. Y los que no lo están, también.
Hay de todo tipo, rosas, claveles, crisantemos, gladiolos, estirlicias, azucenas, violetas, orquídeas…etc. un sinfín.
La tienda es una cueva de olores. Tiene toda clase de plantas exóticas, semillas, macetas, abono y tierra.
Sólo falta que se llene de pájaros trinando, y ya tenemos una selva en medio de la ciudad.
Estaba ubicada en el barrio del Eixample de Barcelona; exactamente en la calle Balmes esquina Provenza. Al lado de un hospital privado, con lo que tenía garantizada la venta, en todos los nacimientos, y defunciones…o casi.
Le hacía poemas a las plantas; en las tarjetas que ponía en los ramos o centros de mesa, también en las coronas… en eso era una experta. La gente lo sabía, y acudían desesperados , solicitando bellas palabras, que ella regalaba. En esos momentos tan especiales, la emoción embarga al personal, y no están para lirismos, sino por la faena…los afectos no son buenos para la razón…o sí.










Capítulo 43

Se desescama como pez en río seco. Menuda angustia.
Los putos zapatos, oprimían los pies de mala manera. Cuando se descalzó, eran pura llaga. Es lo que tiene ser presumida; masoca de los cojones. Con tal de agradarle, era capaz de los mayores sacrificios. Mortificaba la carne, los pensamientos, el hambre…todo lo que hiciera falta.
El mismísimo diablo, estaba satisfecho de los éxitos obtenidos con esa muchacha .Era toda suya.
Recordaba los cuentos de su niñez y le daba la vuelta , por puro placer. Caperucita, una niña sabia, mala, que disfrutaba como una loca , engañando al lobo. Le hizo creer que el bosque ardía; eso le asustó de tal manera, que huyó despavorido, se tiró al rio, olvidando que no sabía nadar, así que se ahogó. Y colorín colorado este cuento se acabó.

miércoles, 13 de octubre de 2010

CARPE DIEM 9

Capitulo 37

Fernandina tuvo una infancia desbocada, de caballo ciego…¡
Los encuentros furtivos con el profesor de mates, se repitieron. Le encantaba, recordar sus perversos escarceos, magreos a escondidas.
Lo hacían en un portal, en el lavabo del bar, en el ascensor. Les daba morbo, se excitaban un montón, por el hecho de sentirse observados. Eso del riesgo, sube la adrenalina, ellos lo sabían. De hecho era lo mejor de la relación. Ni dónde, ni cómo, ni cuando…





Capítulo 38

Vista oral.

Fernandina, no perdía comba. Tenía una lista de antiguos ligues, con sus teléfonos. No había tenido con ellos sexo explícito, solo magreos, calentones….
Se propuso rematar la faena.
La propuso a Xu Lian, la idea , le pareció genial.
Iban a compartir esos hombres, en plan menage a trois .O sea, trío; lo decían en francés, quedaba más chic.
Paseando por la Rambla de Catalunya, se encontró con Xavier. Se conocieron cuando ella tenía quince años y el diecisiete.
Ahora es juez.
Sin mediar palabra, se cogieron de la mano y fueron al despacho de abogados, que tenía en esa calle. Era sábado por la tarde, estaba vacío. Se desnudaron en el ascensor, cuando llegaron al ático, habían consumado los preliminares; caricias , besos, arañazos, botones rotos…, la corbata ,quedó olvidada en el ascensor.
Xavier dijo:-No importa tengo más-. Las prisas y el calentón, alimentan el olvido.
Lo hicieron en el sillón, sobre la mesa del despacho. …Los gritos bajaban por la ventana , se la dejó abierta la mujer de la limpieza.
Valió la pena el reencuentro; se lo debían.
Fernandina, a los quince, era una niña reprimida y tímida. Sólo aceptaba toqueteos leves..
Arrambarse en los bailes, besarse…pero eso se acabó.
Quedaron para una nueva cita, los tres. Xu Lai y Xavier, se relamían, esperando .







Capítulo 39


Lamer la tarde roja, con la pasión de una amanita faloides.
Escuchar a Freud, cantando la Traviata en un bar de mala muerte, y lleno de humo.
Subir los escalones de tu casa, a cuatro patas, para llegar mejor…
Beberme tu mirada, indolente y sin lágrimas.
Olvidarme las llaves en el coche.
Olvídame si puedes, pero no me dejes¡
Así escribía Fernandina, pensando en su amor prohibido.
También es cierto , pensaba, que sin amor imposible, no hay escritura, ni poemas…¡
Después de todo, era útil hasta el sarcasmo y la melancolía. Abandonándose en brazos ajenos, sin mediar palabra, ni buscar respuestas.
Todo lo hacía en aras del goce, puro y duro, y si aparecen pequeñas dosis de luz, pues bienvenidas sean. Pero lo genuino y básico es la oscuridad.














Capitulo 40
El temporal de Levante, le levantó las faldas y las ideas. Los pezones se pusieron duros por el frío. Empezó a escribir cual posesa, como si las olas de cuatro metros, la persiguieran.
El paraguas, se le puso al revés, ella insistía…no, aún no..¡¡pero el viento poderoso y bravo, ganó la batalla. El paraguas voló, literalmente.
Le dolían las manos de sujetarlo sin ningún éxito. Se puso chorreando hasta el alma.
Estaba motivada, las palabras fluían como el agua, la vestían con su sonora belleza. La formas, las letras, dibujaban imágenes, emociones…el papel, temblaba al recibirlas.
A Leónidas, le mueve la avidez, a ella, la ausencia y el abandono.
Cualquier emoción es buena , si se sabe administrar.
Necesitaba soledad, le dijo. Y solo quedó silencio.
Fue una buena escusa; Fernandina se enamoraba de imposibles, iba de frustración a despojo, de tumbo en tumbo, en caída libre.
A pesar de ello, insistía, como la pertinaz sequía.
La rima salía sola, las lagrimas también. Eran pan de poesía.

Capítulo 41

Leónidas, buen amigo, del que ella estaba enamorada, era escritor.
Fernandina, le escribía poemas y cartas; como esta:-Tengo pendiente un hambre, se columpia deseosa por mi collar de baratija…¡-
Sus zapatos sonreían, brillaban bajo la lluvia. Por dentro, envejecían, como un maleficio oculto .
Ultimamente , los escritos del amigo, escaseaban, eran una declaración de intenciones una justificación.
Sus pasos eran lentos, pero seguros.
Necesitaba distancias , para objetivar y narrar historias.
Otro buen colega, Luis, profesor de Literatura en la Facultad de Letras, la aconsejaba, la ayudaba con los poemas y relatos. Fernandina , agradecida le echaba unos polvos de muerte. Solo para huir de tedio y el aburrimiento.
La vida que llevaban era bastante monótona, carente de sentido, a veces.
Era un solterón bien conservado, con cincuenta años a cuestas; había corrido mucho mundo, y estaba de vuelta de todo, o al menos, eso decía

miércoles, 6 de octubre de 2010

CARPE DIEM 8

Capítulo 35

Xu Lian, la amiga china de Fernandina, tenía mucho en común con ella. Amaba la poesía, también tuvo una infancia dolorosa, impaciente y abandonada. Había entre ellas un cariño especial. Se conocieron en clase de inglés. Acabaron amándose, siendo confidentes . Cómplices de fechorías, en pubs, reuniones sociales, dónde, a parte de ponerse las botas, comiendo canapés y bebiendo cava, se las ingeniaban, para ligarse a personajes de la política y la cultura. Esos elementos, hartos de la vida monótona y aburrida que llevaban, quedaban prendados de la belleza y simpatía de las chicas.
La madre de Xu Lian, era japonesa, y se casó con un comerciante chino. Emigraron a Barcelona, huyendo de la represión y la miseria.
Los pies de Xu Lian, eran especialmente bellos, no hacían honor a los ancestros, que los vendaban cuando nacían, con vete a saber qué funestas intenciones. Respondían a unos cánones de belleza, ligados a la represión y mutilación del cuerpo femenino.
Sus largos finísimos y blancos dedos, lucían desnudos y hermosos, cuando calzaba sandalias veraniegas.
A Fernandina, le hubiera gustado ser pintora, para inmortalizarlos en un cuadro.
Como no podía ser, les hizo un poema.
Eso llenó de gozo a Xu Lian, las unió mucho más, si cabe.

Capítulo 36

Las nubes, se han puesto el mejor disfraz del otoño, para recibirlas.
Ellas, ajenas a toda esa belleza, pasean su hermosura por las calles de la ciudad.
Sus ojos brillantes, interrogan a los transeúntes, buscando imposibles.
La sonrisa inevitable, cuando Xu Lian , de repente, ¡chaf¡ ,pisa una mierda, de perro, claro¡¡
Grita, reniega..¡ se quita la sandalia, la intenta limpiar con un palo que había al lado de un árbol, pero nada, la mierda sigue…y sobre todo, huele, huele fatal¡¡¡¡
Se meten en el bar que hay enfrente , van al servicio, con la intención de lavarse el pié.
El camarero, quiere ayudar…se ha fijado en sus pies, en su belleza¡¡ Corre a la cocina, coge detergente y un trapo, lo moja. Pide que se siente, le coge el pié y empieza a limpiarlo, con sumo cuidado. Luego lo acaricia, lo besa, lamiéndolo suavemente. Ella se estremece , lo mira con deseo, le da las gracias y le pide que no siga.
Al final del trayecto, intercambian unos besos, y el número de teléfono.

lunes, 4 de octubre de 2010

CARPE DIEM 7

Capítulo 30

En la familia de Fernandina, son de llanto y risa fácil.
Los zapatos se llenaban de polvo y silencios.
Bajo la cama guardaba los secretos, los besos, los versos, los libros prohibidos.
Esos de Unamuno, que le llenaron la cabeza de pájaros, a los dieciséis años; le abrieron la mente. Comprendió la mentira en la que vivía, decidió cortar por lo sano.
Gotas y gotas de humor ácido, salían de su pluma, con desparpajo y sinvergüenza, escandalizando a niños y grandes. Le importaba un bledo lo que pensaran los demás. Hacía siglos que soportaba las críticas, las miradas del vecindario, por cierto fulgurantes…
Estaba harta; hasta los mismísimos ovarios.


Capítulo 31

De vez en cuando, se ponía sus mejores galas, una blusa escotada…toda de negro , y salía a comerse el mundo. Algunas veces no se comía nada, pero la intención era buena.
Saboreando helados de fresa, sus preferidos, se rendía ante los labios que le contaban cuentos. Nada mejor que hacer; alegrarse los oídos, con historias de mentira.se dejaba engañar a sabiendas…¡se lo creía todo, o casi.¡¡
Llenaba las copas de whisky o tequila, miraba de soslayo a los hombres del pub, repasándolos de arriba abajo; decidía con cuál de ellos se quedaba. Sin más, se los llevaba a la cama, se los comía literalmente.
Luego los dejaba tirados y satisfechos. Fernandina se llevaba la mejor parte…o eso creía ella.
Era la venganza de la mujer araña, abatida, pero no vencida.






Capitulo 32
Así escribía ella:
Recuerdas mi nombre por el sabor de los besos, y las letras, que se pegaban en el cuerpo...lleno el deseo con el hambre de las 3 de la mañana, subo las paredes de mis sueños, para golpearme con el cristal de tu ventana. Escupiendo sinsabores y billetes de un tranvía oscuro, que no llevaba a ninguna parte, sí...quizás a tus olvidos, a tus huecos...vació, vacío, vacío...
Dante, bajó a los infiernos, Fernandina se quedó en el séptimo, Caronte, la llevó a la laguna Estigia…ella tenía sus miedos y sus contradicciones, como todo bicho humano.
Pertenecía al grupo de los marginales, no le dolían prendas, decirlo a los cuatro vientos.
La poesía, era su válvula, su droga, la perdición…¡
La concupiscencia, desbordaba como un río en muchos de sus escritos, y porque no, la rabia. Alegres otras veces, y muchas ironías que escapaban de su cerebro.

Capítulo 33

La luna era su musa, el refugio. A ella iban sus amores, sus poemas, alegrías o tristezas.
Con su pálida luz redonda, inspiraba todas las palabras, que rodaban por su cerebro, y salían raudas hacia el papel.
A veces, no dormía, se levantaba a cualquier hora, llena de inquietud, agarraba un lápiz o el boli, que tenía a mano en la mesita de noche, abría el cuaderno, y escupía, rimas, infortunios, pesadillas, demonios, aciertos ,equívocos.
Era un resorte mágico, acudía a ella y la tomaba, la poseía, sin que pudiera, ni quisiera hacer nada para escapar. –Solo los poetas saben de qué hablo- decía.
Negros nubarrones se acercaban por el oeste, siempre que asomaban por ahí, eran presagio de una buena tormenta.
Así fue, un enorme aguacero, cayó en su casa; el agua entraba por las ventanas…, no cerraban bien, así que se mojó lo que tenía en la mesa del escritorio. Todos sus manuscritos, quedaron presos del agua¡¡ Muchos de ellos se borraron. Los versos pasaron a mejor vida. Solo quedaron manchas de tinta sobre el papel.

Capítulo 34

El otoño se ponía en el color de cada nube.
Sus pensamientos, lejos de entristecerse, tomaban brío, eran cada vez más claros y diáfanos.
Siguió escribiendo. Cambió la mesa de sitio, fuera de las fauces del agua.
En un nuevo cuaderno, recogió y recopiló, recompuso los versos, creando de nuevo…
Los poemas perdidos, ya eran otros.
Esta vez, mucho mejores.
Sus amantes varones, la enseñaron a cocinar. La verdad es que no tenía muchas artes, para esos menesteres.
Se lo montaba mejor en la cama, o con la literatura.
Nadie es perfécto , ya se sabe. Todo no se puede tener en esta puta vida.

sábado, 2 de octubre de 2010

CARPE DIEM 6

Capítulo 28

Tenía alma de pájaro.
Fernandina, no podía huir de ella misma, de sus anhelos, rabias y desconsuelos.
Estuvo algunos años viviendo sola; eso la fortaleció en extremo.
En el fondo era débil, muy débil y excesivamente sensible…lo cual le pasaba factura, en el buen y mal sentido.
Cuando hacía el amor, era una pasada.
Pero si la disgustaban, y se le torcían las cosas, entraba en unas depresiones del copón; era capaz de todo, incluso , rebanarle el gaznate a alguien.
Bueno, eso decía ella, luego, nada de nada, todo quedaba en unos cuantos gritos y poco más…

Capítulo 29

Echaba en falta las travesuras de la infancia, cuando mejor se sentía.
Aún no le habían comido el tarro, con seriedades, prejuicios, responsabilidades, pecado, culpa, etc.
Una mañana después de Reyes, se disponía a jugar con la cocinita que le habían regalado, metió papel en el hornillo, encendió la cerilla para hacer fuego y guisar como mamá…¡
La cocina era de madera, así que empezó a arder. La madre, al olor del humo, acudió con un cubo de agua y lo apagó. Fernandina se llevó una buena tunda, y se quedó sin juguete.
A veces, después del cole, salían a la calle, jugaban a llamar a los timbres y salir corriendo. Era muy divertido.
También jugaban a tirar piedras a los trenes, cuando salían del túnel. Un día un hombre las vio , a ella y a su hermana; fue a avisar al jefe de estación. Al verlo venir, salieron corriendo a casa, se escondieron debajo de la cama. La madre tuvo que escuchar la bronca del hombre. Luego las riñó, y castigó sin salir.
Así transcurría la infancia, con más pena que gloria. Ella solo recordaba esos momentos especiales, en los que la transgresión, llenaba su alma de libertad.