sábado, 6 de noviembre de 2010

CARPE DIEM 11

Capítulo 44

Sólo falta que la luna,
se me ponga en plan gatuna.
Y que le dé unos azotes,
con cariño.
Un monigote de feria,
en el espejo me veo,
y casi no me lo creo…
Así escribía Fernandina, afectada como estaba, por la luna llena, que asomaba en su balcón. Regalándole sus bellos y tristes rayos.
Le despertaba el instinto, medio felino, medio asesino.
Menos mal que la poesía calma a las fieras.
Le encantaba desnudarse por dentro y por fuera. Era una de sus actividades preferidas.
El sábado, un amigo íntimo, Asur de el Cairo, que trabajaba de funcionario en la embajada de su país, la invitó a una comida de cumpleaños.
La sorpresa fue, que sólo habían hombres ; cuatro, para ser exactos. Cesar, escritor y músico, Miguel, fotógrafo, y Robert, diseñador y bisexual. Todos más jóvenes que ella¡¡¡
Lejos de sentirse cohibida, pensó en las mil y una maneras de darles caña.
¡Qué oscuras razones había en Asur, para invitarla a ella …?
¿Tendría ella suficiente energía y aguante?
Quería probarlos a todos, una orgía sexual….y que se enrollasen entre ellos.
Le apetecía mucho. Llevaban todos mucho tiempo de hambre.
Es cierto que su imaginación es poderosa, al igual que su experiencia.
Quizás era exagerado, montárselo con cuatro.
Así que el más cohibido, fue desfilando por la puerta de salida, como si fuera un resorte mágico.
Los tres más atrevidos, empezaron a desnudarla, despacito, mientras la acariciaban y besaban, el cuello, los pechos, la boca…
¡La pusieron a cien¡
Cuando notaron que estaba húmeda , a punto, la penetraron, uno, otro, otro, así sucesivamente, con suavidad¡
Desde la ventana, la luna llena observaba …
Se portaron como verdaderos machos, con algunos escarceos homosexuales, que la excitaron más si cabe..
Llegó al orgasmo unas cuantas veces. Ellos también.
Transcurrieron infinitas las horas de la tarde. Era noche cerrada, cuando exhaustos se sentaron de nuevo en la mesa; apurando los restos del pastel de frutas del bosque, y los últimos tragos de rón , que olvidaron en las copas.
Se despidieron efusivamente.
Fernandina, al llegar a casa, se puso a escribir.





Capítulo 45

Buscaba la palabra perdida, en medio de soledades y silencio.
Una nube confusa y gris ocultaba el sol.
No cejaba en su empeño, la encontraría…era cuestión de tiempo.
Los días pasaban, sin pena ni gloria. Vivía al minuto, consumiendo las horas, en placer, escritura, lectura y curro.
Las noches en vela, eran útiles para el verso.
Mezclaba labios , bocas, lengua…salivaba sensaciones; recuerdos que plasmaba en el cuaderno.
Anotaba cada gota de sentimiento, cada suspiro. Sobre todo las miradas y la sonrisa…como una fotografía guardada en el cajón de la mesita de noche.
Ahí, donde todos los sueños, solo son estrellas; gracias al sumo cuidado de Fernandina, aún guardaban su fulgor, su luz…
Los amigos flipaban…¿Cómo podía guardar tantas cosas en una cajita tan pequeña?
Sólo la magia tenía la respuesta…
Ella no estaba dispuesta a desvelar el secreto.
¡Ni mucho menos…¡







Capítulo 46
FERNANDINA Y LOS FANTASMAS.

La soledad le acompañaba.
Era sábado por la mañana, bajo la ducha, oyó ruidos de golpes en la pared…
Tras la cortina, aparecieron los fantasmas de la infancia, que la acompañaban y la llenaban de morbo.
No eran demonios, no, eran hombre barbudos y con greñas, que la cogían y la violaban.
Al principio, se resistía, luego, se dejaba llevar, abandonándose a su suerte…
¿Buena o mala?...según se mire.
Al fin, el sueño se desvanece; solo es el vecino del sexto, amante del bricolaje. Como no le pega un clavo a su mujer, agujerea la pared; por cierto, parece un queso de gruyere…
Fernandina, olvidó los fantasmas, y llamó a Bruno, un vecino brasileño, bien dotado , y que vive solo.
La sacó de penas y miedos…¡¡¡¡