miércoles, 11 de mayo de 2011

EL HOMBRE QUE AMABA LOS ÁLAMOS.

En fila india, se distribuían por la carretera, mostrando sus bellas y verdes hojas.Sin lugar a dudas, la rebosante primavera, exponía sus mejores galas .
Abril amaneció lluvioso.
Cada cuatro metros, alguien decidió plantarlos. Con mucho tino, a fin de que las raíces no se encontraran.
A pesar de todos los cuidados, la fuerza subterránea, pudo con el cemento y los ladrillos.
Se rompieron.
Manuel era un hombre aparentemente tranquilo. Cada día paseaba bajo los álamos, tocaba con cariño los troncos, paseando por ellos, su mano y su mirada…
Se diría que los amaba.
Se entretenía con cada uno, escribía misteriosos signos…
Intenté descifrarlos sin éxito.
Pasados unos días, le pregunté por su significado. No me respondió, solo me miró, con una mirada profunda y triste.
Parecían mensajes silenciosos al corazón del árbol.
Posiblemente, lo álamos sí entendían…¡
Sentían en su piel, la caricia, las formas; geometrías silenciosas, que amorosamente Manuel dejaba grabadas en su tronco.
No volví a insistir; imagino que Manuel no quería relacionarse …los árboles eran suficiente.
Me quedaré con la duda, feliz de saber su amor incomprensible.
Al fin y al cabo, amor…